domingo, 1 de febrero de 2026

🛵 El Enjambre contra el Cristal (El choque de clases en cada semáforo)

 

Por: Julio González

Un Viandante

No hay lugar en la República Dominicana donde la fractura social sea más evidente que en la línea de pare de un semáforo. De un lado, el ciudadano en su vehículo, con el aire acondicionado a tope y el cristal arriba, tratando de aislarse de la hostilidad exterior. Del otro, la "fiera motorizada”: el motoconchista que ve en cada espacio de diez centímetros entre parachoques una oportunidad para avanzar.

Lo que ocurre ahí no es solo un problema de tránsito; es un choque de civilizaciones en miniatura que se repite mil veces al día.

 El fenómeno del "enjambre"

Para la clase media y alta, el motorista ya no es un prestador de servicios; es una amenaza impredecible. El temor no es solo al rayón en la pintura o al espejo retrovisor colgante, sino a la reacción que le sigue. Si usted tiene un altercado con un motoconchista, no está discutiendo con un individuo; está enfrentando al "enjambre”.

En cuestión de segundos, lo que era un roce insignificante se convierte en un asiento. Aparecen de la nada, se agrupan, rodean el vehículo y establecen su propia ley de facto. Es una solidaridad gremial nacida de la marginalidad, donde el "chofer del carro" siempre es el culpable por el simple hecho de representar —a ojos del motorista— al sistema que lo excluye.

 La calle como territorio cedido

El pánico de la clase media tiene una base real: la percepción de que el Estado ha capitulado. El ciudadano que paga marbete, revista (cuando existía), seguro de ley y altos impuestos por su vehículo, siente que ha sido dejado a su suerte.

La "fiera motorizada" lo sabe. Sabe que el agente de tránsito, muchas veces, mirará hacia otro lado antes de meterse en un lío con un grupo de motoconchistas. Esa impunidad de facto ha empoderado al sector hasta un punto donde el respeto por la vía es inexistente. Aceras, elevados, túneles y contra vías son territorios conquistados por el manubrio, mientras el conductor del automóvil queda atrapado en una burbuja de cristal que se siente cada vez más frágil.

 El resentimiento de doble vía

Pero cuidado, la mirada desde el motor también es de resentimiento. El motoconchista ve en el "jeepetón" o en el sedán de lujo el símbolo de una sociedad que lo ignora a menos que sea para llevarle un paquete o para pedirle el voto. Esa agresividad en el manejo es, a menudo, una forma de reclamar un espacio en una ciudad que no fue diseñada para ellos, pero que hoy les pertenece por fuerza de número.

Mientras el gobierno sigue usando el "comodín electoral" y se niega a imponer el orden por miedo a la "masa rabiosa", la convivencia ciudadana se desintegra.

Hemos pasado del respeto mutuo a una tregua armada donde el más fuerte es el que tiene menos que perder.

 



3 comentarios:

  1. Con lujos de detalles, realidad que se vive a diario en Rep. Dom

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  2. Tú eres un galactico que ve desde los altos los que no vemos los de abajo. Felicidades eres un artista de la realidad expresada en palabras. Vueltas al globo.

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  3. Excelente radiografía de lo que se vive en las calles se República Dominicana

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