domingo, 30 de noviembre de 2025

🕳️ La República en modo silencio: cuando el liderazgo se ausenta del país.


 🕳️ La República en modo silencio: cuando el liderazgo se ausenta del país

Por Julio González

Un Viandante

En tiempos de urgencia nacional, el silencio no es neutral: es una forma de poder.

Mientras la ciudadanía enfrenta tensiones institucionales, deterioro de servicios, y una creciente sensación de desamparo, las voces que deberían orientar, responder y asumir responsabilidad parecen haber optado por el mutismo estratégico.

🕳️ El vacío no es solo físico, es simbólico.

No se trata de que no estén en sus cargos, sino de que no están en el país —en el sentido más profundo del término. No están en el pulso social, en la narrativa pública, en el terreno donde se decide el rumbo de lo colectivo.

⏳ ¿Qué ocurre cuando el liderazgo calla?

Se deslegitima la institucionalidad

Se abre espacio para el rumor, la informalidad y el desencanto

Se rompe el vínculo entre representación y realidad

🧭 La ciudadanía no espera milagros, pero sí señales.

Una palabra clara, una postura firme, una presencia activa. No es demasiado pedir. Es lo mínimo que exige la dignidad democrática.

¿Dónde están los alcaldes ante el colapso urbano?

¿Dónde están los congresistas ante las reformas que se discuten sin consulta?

¿Dónde están los partidos cuando el país se fragmenta en microcrisis territoriales?

Este artículo no busca nombres, busca responsabilidades.

Porque el liderazgo no se mide por el cargo, sino por la capacidad de responder cuando el país lo llama.


viernes, 28 de noviembre de 2025

🛵 Motoconchos como actores urbanos: propuesta para su formalización y reconocimiento territorial


🛵 Motoconchos como actores urbanos: propuesta para su formalización y reconocimiento territorial

Por Julio González

Un Viandante

Los motoconchos no son un problema: son una solución que el Estado aún no ha sabido leer. Actúan como cartógrafos invisibles, conectores de barrios y testigos cotidianos de la ausencia institucional. Este artículo propone su formalización no como concesión, sino como reconocimiento legítimo de su rol urbano.

En el diagnóstico, emerge una informalidad que cumple funciones públicas. Los motoconchos cubren rutas que el transporte formal ignora, operan en zonas donde el Estado no llega, sostienen economías locales y redes comunitarias, y se convierten en actores de movilidad, seguridad y respuesta inmediata ante emergencias.

La propuesta apunta a una formalización con enfoque territorial. Se plantea un registro municipal con georreferenciación de rutas, capacitación en seguridad vial, atención ciudadana y primeros auxilios, así como su integración en planes de movilidad urbana y gestión de tránsito. Además, se sugiere su reconocimiento simbólico como “agentes urbanos comunitarios”.

El impacto esperado incluye mejoras en la movilidad de zonas periféricas, reducción de conflictos con autoridades de tránsito, fortalecimiento de la economía local y legitimación de un actor clave en la vida urbana dominicana.

El liderazgo que escucha debe institucionalizar lo que ya funciona. Como dirigente del partido de gobierno, esta propuesta no es una novedad: es una deuda. Los motoconchos ya cumplen funciones públicas. Lo justo es que el Estado los reconozca, los capacite y los integre.





domingo, 23 de noviembre de 2025

Estado en el terreno: reconstruir institucionalidad para una ciudad funcional.

 



Estado en el terreno: reconstruir institucionalidad para una ciudad funcional.


Por Julio González

Un Viandante

La institucionalidad no se mide por la cantidad de leyes escritas, sino por su capacidad de encarnarse en el territorio. En muchos barrios urbanos, la ausencia del Estado no es una metáfora: es una realidad que se expresa en calles sin regulación, servicios inalcanzables y economías que funcionan sin interlocutores públicos. Donde la formalidad no llega, se improvisa; y donde se improvisa, nacen redes con inteligencia ciudadana, pero también con altos niveles de vulnerabilidad.

Testimonio 1 — Freddy, motorista en Los Alcarrizos:

“Aquí hay más de quinientos motoristas trabajando todos los días. No tenemos parada oficial, no hay licencia para esto, ni nadie que nos diga cómo hacer las cosas. Todo lo resolvemos entre nosotros: si hay un problema, lo discutimos en la esquina. Al ayuntamiento sólo lo vemos cuando vienen a recoger basura...si vienen”.

Testimonio 2 — Marisela, madre de tres en Santo Domingo Este:

“Cuando mi niño se enfermó de noche, el motoconcho de la esquina fue quien me llevó rápido al hospital. No hay ambulancias cerca, no hay centro de salud bien equipado. Los motoristas son los que están siempre”.

Testimonio 3 — Junta de vecinos en San Pedro de Macorís:

“Solicitamos desde hace dos años una oficina de atención comunitaria del ayuntamiento. Nunca la instalaron. Los motoconchistas aquí ayudan hasta en emergencias, pero no tienen ningún respaldo ni orientación. Ni tránsito, ni policía, ni salud...el Estado aquí es un rumor”. 

Otros ejemplos adicionales:

En barrios de Santiago, como Cienfuegos, los trabajadores del delivery operan sin ruta definida, sin señalización adecuada y sin acceso a protección legal. Cuando ocurren accidentes, el proceso legal suele ser lento o inexistente, por falta de registros y respaldo institucional.

En zonas de San Francisco de Macorís, los motoristas han formado cooperativas informales para ofrecer transporte escolar, ante la falta de rutas públicas. Sin embargo, no reciben apoyo técnico ni fiscal, y muchas veces deben operar con vehículos deteriorados por falta de crédito.

En La Romana, varias asociaciones de motoconchistas han intentado registrarse formalmente ante el ayuntamiento, pero no existe un protocolo claro ni una unidad dedicada a este tipo de trámites. La informalidad persiste por omisión institucional, no por falta de interés ciudadano.

La reconstrucción de la presencia institucional no comienza en el despacho ni en el boletín oficial. Comienza en la esquina, en la parada, en el diálogo con quienes hacen ciudad cada día. Formalizar sin estar presente es como planificar sin escuchar. El Estado debe volver al territorio no sólo para regular, sino para acompañar, apoyar y aprender.


domingo, 16 de noviembre de 2025

🛡️ Motoristas como vigías urbanos: seguridad, movilidad y territorio desde abajo.


 🛡️ Motoristas como vigías urbanos: seguridad, movilidad y territorio desde abajo.

Por Julio González

Un Viandante

Más allá de ser actores económicos, los motoristas —motoconchistas y repartidores— han asumido en muchos sectores un rol difuso pero crucial: el de guardianes informales del territorio. Su presencia constante, su conocimiento detallado de las calles y su relación cotidiana con usuarios los convierte en una capa extra de vigilancia, referencia comunitaria y control espontáneo.

En zonas donde la institucionalidad es débil o distante, el motorista opera como mediador entre lo cotidiano y lo público. Identifica patrones sospechosos, alerta sobre emergencias, asiste a usuarios vulnerables y, en algunos casos, disuade conflictos menores. No es una función oficial, pero sí orgánica: nace del arraigo, de la repetición de trayectos, de la confianza que inspira alguien que recorre las mismas calles cada día.

Esta función social ha sido poco reconocida, y en muchos casos, ignorada por las políticas de seguridad ciudadana. Las instituciones tienden a mirar el territorio desde la verticalidad de los mapas, sin considerar que los motoristas son los ojos horizontales de la ciudad. Por eso, integrar este sector a los planes de seguridad no debe ser una concesión, sino una estrategia:

Promover programas de sensibilización y capacitación en primeros auxilios, alerta temprana y mediación básica.

Establecer canales de comunicación directa entre asociaciones de motoconchistas y autoridades locales.

Facilitar su participación en planes de ordenamiento territorial y prevención comunitaria.

Reconocer su rol en campañas de educación vial y convivencia ciudadana.

La seguridad no puede seguir siendo exclusiva del patrullaje ni del control tecnológico. En contextos de fragmentación urbana, es imprescindible activar actores locales que operan desde el contacto directo, la intuición vecinal y la experiencia empírica. Los motoristas no son sólo parte del problema: bien articulados, pueden ser parte de la solución.

domingo, 9 de noviembre de 2025

La ciudad sobre dos ruedas: los motoristas como columna invisible de la economía urbana.

 

🛵 La ciudad sobre dos ruedas: los motoristas como columna invisible de la economía urbana

Por Julio González 

Un Viandante

En todo el país, la movilidad cotidiana está sostenida por una red espontánea de motoconchistas y deliverys que, sin necesidad de grandes infraestructuras ni planificación estatal, conectan barrios, comercios, servicios y hogares. Lo hacen desde la informalidad, sí, pero también desde la eficiencia, la resiliencia y una vocación ciudadana que aún espera reconocimiento.

Estos trabajadores del transporte ligero no operan en la sombra por decisión propia, sino porque las instituciones han fallado en crear mecanismos que los incluyan. Su omisión en censos, leyes de tránsito, sistemas tributarios y planes urbanos contrasta con su impacto real:

-Red territorial viva: rutas creadas empíricamente que suplen la ausencia de transporte público formal.

-Economía funcional: ingresos que sostienen cientos de miles de hogares, dinamizan el comercio local y responden a una demanda masiva.

-Servicios múltiples: más allá del traslado de personas, realizan gestiones, abastecimiento, apoyo comunitario.

El llamado a formalizar el sector no implica borrar su esencia, sino canalizar su fuerza ciudadana hacia modelos de inclusión y desarrollo. Las oportunidades son múltiples:

-Tributación progresiva y adaptada, que genere ingresos fiscales sin vulnerar la subsistencia.

-Afiliación voluntaria a la seguridad social, con planes proporcionales que ofrezcan salud, pensiones y protección.

-Licencias municipales, capacitación básica y zonas habilitadas, que reconozcan al motorista como actor legítimo del espacio urbano.

Modelos de países como Brasil, Colombia o México muestran que formalizar lo informal es posible, si se parte del respeto a la realidad social y territorial. Es hora de que la República Dominicana transite hacia esa lógica:

Que el motoconcho no sea visto como amenaza, sino como oportunidad.

Que los repartidores no dependan exclusivamente de plataformas extranjeras, sino que puedan integrarse a redes locales protegidas.

Que los ayuntamientos sean protagonistas de esta transición, articulando políticas con rostro ciudadano.

La ciudad sobre dos ruedas no es una anomalía: es una expresión legítima de ciudadanía en movimiento. Cada motoconchista que cruza una cañada sin puente, cada delivery que sortea el tráfico para llevar medicina o comida, está trazando rutas de dignidad en un territorio que aún no los reconoce del todo.

Formalizar no es imponer, es incluir. Es mirar al motorista no como un problema que hay que resolver, sino como una solución que hay que potenciar. Es entender que detrás de cada casco hay una historia, una familia, una vocación de servicio.

La República Dominicana tiene la oportunidad de construir una movilidad con rostro humano, donde el ayuntamiento, el barrio y el motorista se encuentren en un mismo plano de respeto. Porque cuando la ciudad se mueve sobre dos ruedas, también se mueve hacia el reconocimiento de su columna invisible: la ciudadanía que no espera permiso para servir.


domingo, 2 de noviembre de 2025

🛵 De la periferia al centro: los motoristas como columna invisible de la ciudad.

 


🛵 De la periferia al centro: los motoristas como columna invisible de la ciudad

Por Julio González

Un Viandante

En gran parte del país, la movilidad no se organiza desde los planos, sino desde la calle. Miles de motoconchistas y repartidores sostienen día tras día una red espontánea de transporte y abastecimiento que conecta comunidades, comercios, instituciones y hogares. Aunque operan en la informalidad, su función social es indiscutible: son el pulso del territorio, los brazos visibles de una economía que el Estado aún no ha sabido leer.

El motoconcho y el delivery no surgieron por moda ni por innovación tecnológica: son respuestas concretas al abandono estatal, a las brechas del transporte formal, y al deseo legítimo de trabajar. Allí donde no llega el metro ni la OMSA, llega un motorista. No con uniformes ni códigos QR, sino con conocimiento territorial, eficiencia práctica y vocación de servicio.

Este universo motorizado —improvisado pero constante— ha sido por años objeto de estigmas y omisiones. No aparece en los mapas oficiales ni en los presupuestos públicos. Sin embargo, es precisamente desde esta red espontánea que puede nacer una nueva visión de ciudad: una que formalice sin excluir, que regule sin sofocar, que dignifique sin borrar.

La formalización del sector no es sólo una medida de orden vial: es una inversión estratégica en cohesión social, generación de ingresos y reconstrucción del tejido urbano. Algunas claves:

  • Tributación adaptada: mecanismos simples y proporcionales, que permitan al Estado recaudar sin afectar la subsistencia.
  • Afiliación a seguridad social: acceso voluntario, con incentivos y protección ante accidentes o vejez.
  • Rutas y espacios públicos dedicados: zonas de espera, puntos de carga, carriles preferentes en sectores de alta demanda.
  • Acceso a crédito y digitalización: bancarización progresiva, uso de aplicaciones locales, y fortalecimiento cooperativo.

La clave está en construir una formalización con rostro municipal. Que los ayuntamientos sean protagonistas, junto con asociaciones de motoconchistas, juntas de vecinos y plataformas de reparto. Que haya licencias accesibles, oficinas locales de atención, y mesas consultivas permanentes. Que los motoristas de Villa Mella, Sabana Perdida o cualquier lugar del país no sean sólo regulados, sino reconocidos como actores urbanos legítimos.

Modelos como el MEI en Brasil, el mototaxismo organizado en Colombia, o los avances recientes en seguridad social para repartidores en México, muestran que es posible formalizar sin excluir. Que el informal no es “ilegal”, sino “no atendido”. Que el Estado puede encontrar en estos trabajadores aliados para construir ciudad, territorio y ciudadanía.

  

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