domingo, 17 de mayo de 2026

📑Serie Síndromes del Poder: Procusto en la política interna, la falsa unidad y el desencanto perremeísta


 Por Julio González / Un Viandante

“El síndrome de Procusto está haciendo olas en los litorales municipales y zonales perremeístas”.
La frase no es exagerada: describe con precisión el desencanto que recorre la dirección media del partido, esa franja vital que conecta la estructura con la ciudadanía.

La unidad como conjuro y mutilación

La llamada a la unidad se repite como un conjuro, pero en realidad es la tijera que recorta diferencias para que todos quepan en la cama estrecha del poder. Se invoca la unidad como si fuera un matrimonio bendito, cuando en verdad es una relación maldita: se tolera la fractura, se oculta la tensión, y se exhibe un abrazo forzado para conservar la casa común del gobierno.

En este escenario, la convención interna corre el riesgo de convertirse en la cama de Procusto: un espacio donde se mutila la creatividad de la dirección media y se estira artificialmente a quienes encajan en el molde oficial. La diversidad se convierte en amenaza, y la obediencia en virtud.

El desencanto de la dirección media

La dirección media, que debería ser motor de innovación y puente con la ciudadanía, se siente reducida a piezas intercambiables. Su desencanto no proviene de falta de compromiso, sino de la imposición de un molde que niega la pluralidad de voces. El resultado es un partido que aparenta cohesión, pero que en realidad acumula tensiones soterradas.

La convención presidencial: el espejo mayor

Más adelante, cuando llegue la convención para elegir al candidato presidencial, la metáfora se amplifica. El partido tendrá que decidir si rompe la cama de Procusto y abre espacio a la diversidad, o si reafirma la homogeneidad y el control, sacrificando la esperanza de una verdadera transformación.

La verdadera unidad

La verdadera unidad no nace de la mutilación ni del molde impuesto. Surge del despertar ciudadano que abraza la diversidad, reconoce la pluralidad y convierte las olas en corriente viva. Solo así la unidad deja de ser un conjuro vacío y se convierte en fuerza creadora.

Conclusión

El desafío del PRM no es solo elegir nuevas autoridades o un candidato presidencial. Es atreverse a destruir la cama de Procusto, liberar a su dirección media de la mutilación simbólica y permitir que la pluralidad se convierta en motor de legitimidad. Sin ese gesto, la unidad seguirá siendo un abrazo forzado; con él, podrá transformarse en corriente viva que renueve la política desde sus raíces.

 

domingo, 10 de mayo de 2026

📑Serie Síndromes del Poder: Procusto, Narciso y Sísifo

 



 
Por Julio González / Un Viandante

Introducción

La política dominicana, como toda práctica de poder, está atravesada por mitos que se repiten y deforman la vida partidaria. Tres de ellos —Procusto, Narciso y Sísifo— nos ofrecen espejos simbólicos para comprender el desencanto que recorre la dirección media del PRM y la tensión entre unidad proclamada y diversidad negada. Esta serie editorial explora esos mitos como metáforas críticas de la política interna.

Entrega I: Procusto y la cama del poder

Procusto mutila la diferencia para imponer uniformidad. La convención interna corre el riesgo de convertirse en esa cama estrecha donde se recortan voces y se estiran obediencias. La unidad invocada como conjuro se convierte en abrazo forzado, mientras la verdadera unidad solo puede surgir del despertar ciudadano que abraza la pluralidad.

Entrega II: Narciso frente al espejo del liderazgo

Narciso se enamora de su propio reflejo y olvida el mundo que lo rodea. Así ocurre cuando el liderazgo se contempla en encuestas complacientes y discursos pulidos, mientras la ciudadanía queda oculta detrás de un cristal agrietado. La convención se convierte en espejo mayor, donde se exhibe la perfección y se ocultan las fisuras. El desafío es romper el espejo y volver a mirar la ciudadanía.

Entrega III: Sísifo y la piedra del desencanto

Sísifo empuja eternamente una piedra que nunca llega a la cima. En la política, esa piedra son las promesas y reformas que se anuncian, pero siempre ruedan hacia abajo. El castigo no es el esfuerzo, sino la repetición sin sentido. Romper el ciclo de Sísifo implica convertir la piedra en plataforma y la cuesta en camino, para que el esfuerzo colectivo tenga propósito y esperanza.

Cierre de la serie

Procusto mutila, Narciso se enamora, Sísifo se desgasta. Tres síndromes que revelan la fragilidad del poder cuando se encierra en sí mismo. La tarea ciudadana y partidaria es clara: romper los mitos para transformar la política. Solo así la unidad dejará de ser conjuro vacío, el liderazgo dejará de ser reflejo narcisista, y el esfuerzo dejará de ser castigo estéril.

Esta serie editorial es una invitación a mirar la política desde sus mitos, a reconocer los gestos que se repiten y los símbolos que nos condenan. Cada imagen y cada texto son una llamada a romper el ciclo, a transformar la resignación en propósito y la uniformidad en diversidad.

Romper los mitos para transformar la política no es solo una frase: es una tarea colectiva, un despertar ciudadano que exige liderazgo con visión y militancia con esperanza.


domingo, 3 de mayo de 2026

Serie Del fragor a la plegaria: crónica del desarme psíquico: Epílogo

 



 

Por Julio González / Un Viandante

El recorrido que inicia en el fragor y culmina en la plegaria encuentra en 1994 su abismo revelado: el momento en que la fractura institucional expuso un vacío que ya se incubaba en la conciencia colectiva. Desde allí, la militancia desarmada en lo psíquico transitó hacia la resignación, interiorizando la derrota como destino. Lo que Martin Seligman definió como desesperanza aprendida —la convicción de que ningún esfuerzo altera el resultado— se convirtió en pedagogía política, instalándose como hábito cultural en la vida dominicana.

Así, la serie se cierra mostrando que el fragor no desemboca en victoria, sino en plegaria; y que la derrota, más que coyuntura, se transforma en condición. El eco ciudadano, antes vibrante, corre el riesgo de convertirse en silencio. Y en ese silencio, la desesperanza aprendida se instala como un hábito invisible, más corrosivo que el ruido mismo.

La historia que hemos recorrido no es solo memoria política: es también espejo de nuestra conciencia ciudadana. El desarme psíquico y la desesperanza aprendida no son conceptos abstractos, sino realidades que aún marcan la vida pública dominicana.

Pero reconocerlo es ya un acto de resistencia. Nombrar la claudicación es el primer paso para desmontarla. La crítica, la voz y la acción consciente siguen siendo nuestras armas más legítimas.

Este epílogo no pretende clausurar la reflexión, sino abrirla: que cada lector se pregunte dónde está su fragor, dónde se apagó su voz, y cómo puede recuperarla. Porque si la política se ha convertido en plegaria, aún queda la posibilidad de devolverle al pueblo su canto crítico, su fuego transformador.

La pregunta queda abierta, como herida y como desafío: ¿seremos capaces de romper el ciclo de la desesperanza aprendida, o seguiremos aceptando que el silencio sea la única respuesta al fragor que alguna vez nos convocó?

La serie se cierra aquí, pero la tarea continúa en cada ciudadano que decida no resignarse.


 


 

📑Serie Síndromes del Poder: Procusto en la política interna, la falsa unidad y el desencanto perremeísta

  Por Julio González / Un Viandante “El síndrome de Procusto está haciendo olas en los litorales municipales y zonales perremeístas”. La ...