domingo, 25 de enero de 2026

🛵 La Cena del Miedo (El motoconcho como moneda política)


Por: Julio González / Un Viandante

Cada diciembre, el escenario se repite como un ritual sagrado: un polideportivo lleno, mesas con manteles de plástico, olor a cerdo asado y el Presidente de la República —no importa de qué partido sea— sonriendo junto a miles de hombres con chalecos numerados. Para el ojo desprevenido, es un gesto de "proximidad social". Para quienes analizamos la política desde la acera, es algo mucho más cínico: es el pago de un peaje político.

En los últimos 25 años, el motoconchista ha sido elevado a una categoría especial de ciudadano: el "intocable electoral”.

El costo de la "rabia"

Usted se preguntará: ¿Por qué un mandatario dedica tiempo a cenar con un sector que lidera las estadísticas de accidentes y violaciones de tránsito, en lugar de exigirles orden? La respuesta es sencilla: miedo.

El sistema político dominicano le teme a la "rabia" del motor. El motoconchista representa una masa electoral que no solo vota, sino que tiene capacidad de veto callejero. Un gobierno puede soportar una crítica en una editorial de un periódico, pero no puede soportar que diez mil motores bloqueen el Gran Santo Domingo durante tres horas. La cena navideña, los bonos de combustible y la entrega de cascos (que terminan en el codo o en la casa) son, en realidad, mecanismos de contención.

Cosificación: Eres un voto, no un ciudadano

Al invitar al motoconchista a una cena, pero negarle un sistema de seguridad social real, o al permitirle circular en vía contraria frente a un agente de la DIGESETT para no "calentar el brazo", el Estado lo está cosificando. No lo trata como un ciudadano sujeto a leyes, sino como un recurso electoral que hay que mantener "contento" pero fuera de la formalidad.

Dignificar a estos hombres implicaría transformarlos: exigirles licencias, seguros, educación vial rigurosa y, eventualmente, transicionar hacia medios de transporte más humanos y seguros. Pero eso cuesta votos. Y en la aritmética del poder dominicano, un voto vale más que una vida en la avenida.

El "eterno comodín" en la mesa

El presidente Abinader, siguiendo la escuela de sus antecesores, sabe que el motoconcho es el comunicador más efectivo del barrio. El motorista habla con el colmadero, con la doña que va al mercado y con el joven que va a la universidad. Ganarse su simpatía con una cena es comprar publicidad política en el corazón de la masa popular.

Mientras tanto, la clase media observa desde sus carros con el cristal arriba, pagando los impuestos que financian los hospitales donde irán a parar esos mismos motoristas tras el próximo choque. Es un círculo vicioso donde el gobierno sirve la cena, el motorista pone el voto y el ciudadano común paga la factura del caos.

¿Es esta la "justicia social" de la que hablan, o es simplemente la administración del desorden para mantenerse en la silla?



 


 

domingo, 18 de enero de 2026

🛵 El Nacimiento de un Poder Fáctico (2000-2025)

 


Por: Julio González

Un Viandante

Si usted vive en la República Dominicana, usted no transita por las calles; usted sobrevive a un ecosistema de acero, imprudencia y supervivencia. En los últimos 25 años, mientras el discurso oficial nos vendía el "Nueva York chiquito" y metros de última generación, en las entrañas de nuestros barrios se gestaba el verdadero dueño del asfalto: el motoconcho.

Lo que a finales de los '90 era una solución periférica para "subir la loma" o entrar al callejón donde la guagua no cabía, hoy se ha convertido en una dictadura del manubrio. No fue un accidente. Fue el resultado de un cálculo político y una ausencia estatal que hoy nos pasa factura a todos.

 La tormenta perfecta: Motores baratos y falta de Estado

A principios de los 2000, la apertura de mercados trajo consigo la invasión de motocicletas de bajo costo, principalmente de fabricación asiática. De repente, cualquier dominicano con un "adelantico" y una cédula podía ser dueño de su propia unidad de transporte.

 Ante un sistema de transporte público caótico, corrupto y deficiente, el ciudadano encontró en el motor su libertad económica, y el político encontró su válvula de escape. ¿Para qué invertir en un sistema de transporte nacional robusto si la gente se está resolviendo sola en dos ruedas? El Estado se ahorró la inversión, pero nos legó el caos.

 De "chiripero" a ejército electoral

 En este cuarto de siglo, el motoconchista dejó de ser un individuo aislado para convertirse en una estructura. Las paradas de motores se transformaron en pequeñas células de poder territorial.

 Hoy, el motoconcho es la columna vertebral de la movilidad en el país, pero también es el termómetro del barrio. Los gobiernos sucesivos entendieron rápidamente que regularlos era un suicidio político. Es más fácil —y barato— dejarlos violar la ley a cambio de su lealtad, que intentar formalizarlos y exigirles orden.

 El mito del "progreso"

 Miramos los elevados y los túneles con orgullo, pero debajo de ellos, millones de dominicanos se desplazan en condiciones de vulnerabilidad total. Hemos normalizado que la principal vía de transporte de nuestra fuerza laboral sea la más peligrosa, la más informal y la más ruidosa.

 En esta serie editorial, vamos a diseccionar cómo este sector pasó de ser una necesidad social a un comodín electoral que hoy tiene de rodillas a la institucionalidad vial del país. Porque, seamos honestos: en la República Dominicana, el semáforo en rojo es solo una sugerencia si usted tiene un motor y el carnet de un sindicato en el bolsillo.

 ¿Cuándo fue la última vez que viste a un agente de tránsito fiscalizar de verdad a un motoconchista? Cuéntame tu experiencia en los comentarios.

 

 


domingo, 11 de enero de 2026

🛵 Motoristas: entre la imprudencia, el temor y la dignidad ciudadana


Por Julio González / Un Viandante

En la República Dominicana circulan más de 3.5 millones de motocicletas, lo que equivale al 57% del parque vehicular nacional. Este dato no es solo una cifra: es el reflejo de cómo se mueve el país, de cómo la movilidad popular se ha convertido en un fenómeno territorial y social que atraviesa cada esquina de nuestras ciudades y comunidades. El motorista es hoy el protagonista de la movilidad nacional, pero también el símbolo de un tránsito marcado por la imprudencia, la audacia y, sobre todo, el temor.

Una masa electoral cosificada

Durante los últimos 25 años de vida republicana, los gobiernos han visto en los motoristas una masa votante de enorme peso. Sin embargo, en vez de integrarlos como ciudadanos plenos, los han tratado como clientela electoral, como cifras que se contabilizan en campañas, pero no como actores de derechos y deberes. El temor de los gobiernos frente a esta fuerza social ha generado políticas ambiguas: tolerancia a la informalidad, gestos populistas y ausencia de soluciones estructurales.

La “importancia” presidencial

El presidente Luis Abinader ha organizado en varios años consecutivas cenas navideñas con representantes del sector motorista. Estos actos, amplificados por los medios oficiales, buscan transmitir la idea de que los motoristas son un grupo “importante” para la nación. Sin embargo, esta importancia es más mediática que estructural: se les reconoce en la foto y en el discurso, pero no en la política pública que garantice seguridad, formalización y dignidad.

Estadísticas que hablan de muerte

Los operativos navideños del COE confirman la vulnerabilidad del motorista: en el operativo 2025-2026, el 74.3% de los accidentes de tránsito involucraron motocicletas y más del 65% de las muertes fueron motoristas. Año tras año, las cifras repiten el mismo patrón: imprudencia, alcohol, exceso de velocidad y falta de casco. El motorista aparece en cada operativo como protagonista del accidente, como cifra de muerte y como símbolo del temor ciudadano.

El caso de los cascos certificados

Mientras en países como El Salvador la ciudadanía asume la compra de cascos certificados tras la orden de la autoridad de tránsito, en la República Dominicana el INTRANT dispuso lo mismo y otorgó un plazo de seis meses. La primera reacción de representantes del sector motorista fue solicitar al gobierno una donación de 100,000 cascos certificados. En vez de asumir responsabilidad, se refuerza la cultura de dependencia: exigir al Estado lo que debería ser un deber ciudadano. Y el gobierno, temeroso de su fuerza electoral, probablemente cederá.

Reflexión final

El motorista es ciudadano y territorio al mismo tiempo: cuerpo expuesto, voz que reclama, miedo que avisa. Pero mientras se le cosifique como masa electoral, se le reconozca solo en la foto presidencial y se le mantenga en la dependencia, seguirá siendo protagonista de imprudencia y temor.

La República Dominicana necesita pasar del miedo a la integración, de la cosificación a la dignidad. El casco certificado no debe ser una dádiva, sino un símbolo de responsabilidad. La movilidad no debe ser un caos, sino un derecho ordenado. Y el motorista no debe ser visto como amenaza, sino como ciudadano pleno, parte de un proyecto nacional que dignifique la vida en nuestras calles.

Cierre Editorial

"El motorista es un ciudadano que merece seguridad, respeto y dignidad. Pero esa dignidad no es solo un derecho: también es un deber. Porque esos infiernos de dos ruedas, en la experiencia cotidiana, muchas veces no respetan nada ni a nadie. La República Dominicana necesita que el motorista deje de ser masa electoral cosificada y se convierta en ciudadano pleno, capaz de recibir respeto y de darlo. Solo así podremos transformar el miedo en convivencia, y la imprudencia en movilidad digna".

 

domingo, 4 de enero de 2026

🌐 Recibir el Nuevo Año con Visión Ciudadana

 


Por Julio González

Un Viandante

El inicio de un nuevo año no es solo un momento de celebración; es también una oportunidad para renovar compromisos sociales, políticos y económicos. Desde una perspectiva ciudadana, debemos asumir este tiempo como un pacto colectivo que nos impulse hacia la transformación y la esperanza compartida. He aquí algunas sugerencias:

La cohesión comunitaria es el primer paso hacia un país más justo.

  • Integración barrial y municipal: fortalecer la participación en espacios locales, donde la ciudadanía se organiza y se reconoce.
  • Educación como prioridad nacional: garantizar acceso universal y de calidad, formando generaciones críticas y creativas.
  • Salud y bienestar: consolidar políticas públicas que aseguren cobertura digna y equitativa.

La democracia se fortalece con instituciones sólidas y ciudadanos activos.

  • Institucionalidad y transparencia: avanzar en reformas que garanticen rendición de cuentas y confianza pública.
  • Gobernanza participativa: abrir espacios de consulta ciudadana en decisiones estratégicas.
  • Pluralismo democrático: fomentar consensos que superen la polarización y legitimen la voz ciudadana.

El desarrollo económico debe ser inclusivo y sostenible.

  • Innovación productiva: estimular sectores emergentes, tecnología y economía verde como motores de crecimiento.
  • Equidad territorial: equilibrar oportunidades entre regiones, formalizando actores informales y mejorando la movilidad urbana.
  • Empleo digno y sostenible: promover condiciones laborales que respeten derechos y potencien creatividad.

El ciudadano no es espectador, sino protagonista de la transformación.

  • Participación activa: cada persona debe asumir su rol en la construcción de futuro.
  • Narrativa de confianza: comunicar símbolos y gestos que inspiren esperanza y unidad.
  • Compromiso intergeneracional: integrar sostenibilidad y memoria histórica en cada decisión.

Recibir el nuevo año significa más que brindar por la esperanza: implica asumir un pacto ciudadano estratégico, donde la solidaridad social, la transparencia política y la equidad económica se conviertan en pilares de transformación. Solo así podremos construir un país más justo, moderno y digno para todos.

¡Feliz año nuevo, con dignidad, estrategia y esperanza!


📑Serie Síndromes del Poder: Procusto en la política interna, la falsa unidad y el desencanto perremeísta

  Por Julio González / Un Viandante “El síndrome de Procusto está haciendo olas en los litorales municipales y zonales perremeístas”. La ...