domingo, 17 de mayo de 2026

📑Serie Síndromes del Poder: Procusto en la política interna, la falsa unidad y el desencanto perremeísta


 Por Julio González / Un Viandante

“El síndrome de Procusto está haciendo olas en los litorales municipales y zonales perremeístas”.
La frase no es exagerada: describe con precisión el desencanto que recorre la dirección media del partido, esa franja vital que conecta la estructura con la ciudadanía.

La unidad como conjuro y mutilación

La llamada a la unidad se repite como un conjuro, pero en realidad es la tijera que recorta diferencias para que todos quepan en la cama estrecha del poder. Se invoca la unidad como si fuera un matrimonio bendito, cuando en verdad es una relación maldita: se tolera la fractura, se oculta la tensión, y se exhibe un abrazo forzado para conservar la casa común del gobierno.

En este escenario, la convención interna corre el riesgo de convertirse en la cama de Procusto: un espacio donde se mutila la creatividad de la dirección media y se estira artificialmente a quienes encajan en el molde oficial. La diversidad se convierte en amenaza, y la obediencia en virtud.

El desencanto de la dirección media

La dirección media, que debería ser motor de innovación y puente con la ciudadanía, se siente reducida a piezas intercambiables. Su desencanto no proviene de falta de compromiso, sino de la imposición de un molde que niega la pluralidad de voces. El resultado es un partido que aparenta cohesión, pero que en realidad acumula tensiones soterradas.

La convención presidencial: el espejo mayor

Más adelante, cuando llegue la convención para elegir al candidato presidencial, la metáfora se amplifica. El partido tendrá que decidir si rompe la cama de Procusto y abre espacio a la diversidad, o si reafirma la homogeneidad y el control, sacrificando la esperanza de una verdadera transformación.

La verdadera unidad

La verdadera unidad no nace de la mutilación ni del molde impuesto. Surge del despertar ciudadano que abraza la diversidad, reconoce la pluralidad y convierte las olas en corriente viva. Solo así la unidad deja de ser un conjuro vacío y se convierte en fuerza creadora.

Conclusión

El desafío del PRM no es solo elegir nuevas autoridades o un candidato presidencial. Es atreverse a destruir la cama de Procusto, liberar a su dirección media de la mutilación simbólica y permitir que la pluralidad se convierta en motor de legitimidad. Sin ese gesto, la unidad seguirá siendo un abrazo forzado; con él, podrá transformarse en corriente viva que renueve la política desde sus raíces.

 

domingo, 10 de mayo de 2026

📑Serie Síndromes del Poder: Procusto, Narciso y Sísifo

 



 
Por Julio González / Un Viandante

Introducción

La política dominicana, como toda práctica de poder, está atravesada por mitos que se repiten y deforman la vida partidaria. Tres de ellos —Procusto, Narciso y Sísifo— nos ofrecen espejos simbólicos para comprender el desencanto que recorre la dirección media del PRM y la tensión entre unidad proclamada y diversidad negada. Esta serie editorial explora esos mitos como metáforas críticas de la política interna.

Entrega I: Procusto y la cama del poder

Procusto mutila la diferencia para imponer uniformidad. La convención interna corre el riesgo de convertirse en esa cama estrecha donde se recortan voces y se estiran obediencias. La unidad invocada como conjuro se convierte en abrazo forzado, mientras la verdadera unidad solo puede surgir del despertar ciudadano que abraza la pluralidad.

Entrega II: Narciso frente al espejo del liderazgo

Narciso se enamora de su propio reflejo y olvida el mundo que lo rodea. Así ocurre cuando el liderazgo se contempla en encuestas complacientes y discursos pulidos, mientras la ciudadanía queda oculta detrás de un cristal agrietado. La convención se convierte en espejo mayor, donde se exhibe la perfección y se ocultan las fisuras. El desafío es romper el espejo y volver a mirar la ciudadanía.

Entrega III: Sísifo y la piedra del desencanto

Sísifo empuja eternamente una piedra que nunca llega a la cima. En la política, esa piedra son las promesas y reformas que se anuncian, pero siempre ruedan hacia abajo. El castigo no es el esfuerzo, sino la repetición sin sentido. Romper el ciclo de Sísifo implica convertir la piedra en plataforma y la cuesta en camino, para que el esfuerzo colectivo tenga propósito y esperanza.

Cierre de la serie

Procusto mutila, Narciso se enamora, Sísifo se desgasta. Tres síndromes que revelan la fragilidad del poder cuando se encierra en sí mismo. La tarea ciudadana y partidaria es clara: romper los mitos para transformar la política. Solo así la unidad dejará de ser conjuro vacío, el liderazgo dejará de ser reflejo narcisista, y el esfuerzo dejará de ser castigo estéril.

Esta serie editorial es una invitación a mirar la política desde sus mitos, a reconocer los gestos que se repiten y los símbolos que nos condenan. Cada imagen y cada texto son una llamada a romper el ciclo, a transformar la resignación en propósito y la uniformidad en diversidad.

Romper los mitos para transformar la política no es solo una frase: es una tarea colectiva, un despertar ciudadano que exige liderazgo con visión y militancia con esperanza.


domingo, 3 de mayo de 2026

Serie Del fragor a la plegaria: crónica del desarme psíquico: Epílogo

 



 

Por Julio González / Un Viandante

El recorrido que inicia en el fragor y culmina en la plegaria encuentra en 1994 su abismo revelado: el momento en que la fractura institucional expuso un vacío que ya se incubaba en la conciencia colectiva. Desde allí, la militancia desarmada en lo psíquico transitó hacia la resignación, interiorizando la derrota como destino. Lo que Martin Seligman definió como desesperanza aprendida —la convicción de que ningún esfuerzo altera el resultado— se convirtió en pedagogía política, instalándose como hábito cultural en la vida dominicana.

Así, la serie se cierra mostrando que el fragor no desemboca en victoria, sino en plegaria; y que la derrota, más que coyuntura, se transforma en condición. El eco ciudadano, antes vibrante, corre el riesgo de convertirse en silencio. Y en ese silencio, la desesperanza aprendida se instala como un hábito invisible, más corrosivo que el ruido mismo.

La historia que hemos recorrido no es solo memoria política: es también espejo de nuestra conciencia ciudadana. El desarme psíquico y la desesperanza aprendida no son conceptos abstractos, sino realidades que aún marcan la vida pública dominicana.

Pero reconocerlo es ya un acto de resistencia. Nombrar la claudicación es el primer paso para desmontarla. La crítica, la voz y la acción consciente siguen siendo nuestras armas más legítimas.

Este epílogo no pretende clausurar la reflexión, sino abrirla: que cada lector se pregunte dónde está su fragor, dónde se apagó su voz, y cómo puede recuperarla. Porque si la política se ha convertido en plegaria, aún queda la posibilidad de devolverle al pueblo su canto crítico, su fuego transformador.

La pregunta queda abierta, como herida y como desafío: ¿seremos capaces de romper el ciclo de la desesperanza aprendida, o seguiremos aceptando que el silencio sea la única respuesta al fragor que alguna vez nos convocó?

La serie se cierra aquí, pero la tarea continúa en cada ciudadano que decida no resignarse.


 


 

domingo, 26 de abril de 2026

Serie Del fragor a la plegaria: Del desarme psíquico a la desesperanza aprendida: El muro de la inacción Entrega 4

 

Por Julio González / Un Viandante

La serie que hemos recorrido —del fragor combativo de antaño a la plegaria ritualizada de hoy— encuentra su explicación más profunda en un concepto psicológico que ilumina la crisis actual: la desesperanza aprendida.

Si el “desarme psíquico” fue la estrategia que debilitó la conciencia crítica de la militancia, la desesperanza aprendida es el estado resultante que paraliza tanto a los individuos como al colectivo.

El ciclo de la pasividad

Como definió Martin Seligman, la desesperanza aprendida ocurre cuando un sujeto se convence de que, sin importar cuánto se esfuerce, no tiene control sobre los resultados de su entorno. En la política dominicana, este fenómeno se manifiesta de forma devastadora:

  • Naturalización de la sumisión: Los cuadros medios y bajos han interiorizado la idea de que el ascenso o el cambio real son improbables.
  • La crítica extinguida: Cuando la sumisión se vuelve la norma, la capacidad de cuestionar se apaga, y la obediencia ritual toma su lugar.
  • El espejo empañado: Una militancia que padece de desesperanza transmite esa misma resignación al pueblo, creando un ciclo donde la ciudadanía ya no reconoce su propia voz crítica en sus líderes.

Romper el muro: Recuperar las armas psíquicas

El desarme psíquico fue la llave que abrió la puerta a esta parálisis; la desesperanza aprendida es la sala donde la militancia se sienta hoy, convencida de que nada puede cambiar. Esta combinación constituye la claudicación más profunda: la renuncia a la convicción y a la esperanza transformadora.

Reconocerlo es el primer paso. Recuperar las armas psíquicas no significa volver a métodos del pasado, sino:

  • Rescatar la fuerza crítica: Volver a cuestionar lo establecido y rechazar los rituales que neutralizan el pensamiento.
  • Rehabilitar la combatividad política: Sustituir el sermón y la plegaria por la estrategia y la propuesta real.
  • Devolver la voz al pueblo: Dejar de ser un eco administrativo para volver a ser un motor de cambio.

 


domingo, 19 de abril de 2026

Serie Del fragor a la plegaria: El eco del viejo PRD en el PRM: Un ejército que marcha sin fuego Entrega 3


Por Julio González / Un Viandante

El “desarme psíquico” no es un episodio estático de nuestra historia; es una práctica viva que se hereda y se reproduce. Hoy, el Partido Revolucionario Moderno (PRM), como heredero directo de la tradición del viejo PRD, manifiesta los mismos síntomas de esta claudicación interna.

Lo que en el pasado fue dogma y represión, en la actualidad se ha disfrazado de modernización y disciplina burocrática. Sin embargo, bajo esa superficie de eficiencia administrativa, subyace la misma militancia desarmada, incapaz de confrontar o cuestionar el rumbo de su organización.

Un ejército sin voz

La herencia del PRD resuena en el PRM como un eco debilitador:

  • La consigna como plegaria: El fragor de la lucha política ha sido sustituido por un murmullo administrativo y ritual.
  • Desplazamiento del dirigente: Los cuadros políticos con visión estratégica siguen siendo desplazados por la figura del “predicador”, manteniendo el liderazgo en el ámbito del sermón y no de la transformación real.
  • La marcha silenciosa: El resultado es un ejército partidario que sigue marchando por inercia, pero que ha perdido el “fuego” y la voz crítica que alguna vez le dio legitimidad ante el pueblo.

El impacto en la ciudadanía

Este fenómeno no solo afecta las estructuras internas, sino que tiene un impacto devastador en la sociedad:

  • Pérdida de legitimidad: Un partido que entrega sus armas mentales y críticas se convierte en un cascarón ritual, incapaz de responder con firmeza a las demandas ciudadanas.
  • Erosión de la confianza: La ciudadanía percibe que los espacios que antes eran de propuesta y lucha se han transformado en templos de obediencia, lo que genera una profunda desorientación en quienes aún creen en el poder transformador de la política.

El eco del viejo PRD en el PRM demuestra que, sin un ejercicio de rescate de la dignidad crítica, la política corre el riesgo de convertirse en un simple ejercicio de gestión vacía, lejos de las aspiraciones del pueblo dominicano. Y es precisamente aquí donde el tránsito hacia la desesperanza aprendida se hace inevitable: cuando la militancia, desarmada en lo psíquico, transmite al pueblo la convicción de que nada puede cambiar.



 

domingo, 12 de abril de 2026

Del fragor a la plegaria: Entre homilías y rituales: El asalto de los "pseudos líderes" religiosos Entrega 2

 

Por Julio González / Un Viandante

En la entrega anterior, vimos cómo el “desarme psíquico” —esa renuncia a la conciencia crítica— no nació en 1994, sino que allí se reveló con crudeza. Lo que comenzó como un gesto de prudencia para evitar la violencia, terminó abriendo la puerta a un fenómeno aún más corrosivo: la ritualización de la política.

Los símbolos de la claudicación

El desarme no es solo una idea abstracta; se manifiesta en símbolos concretos que han moldeado la cultura partidaria actual:

  • La plegaria ritual: Lo que en su origen fue un bálsamo, pronto se transformó en rutina obligatoria. Hoy, cada reunión o acto político inicia con una invocación que, lejos de fortalecer, funciona como un sello de resignación. La militancia ha dejado de ser una voz crítica para convertirse en un coro obediente.
  • El sermón político: Los dirigentes formados en la estrategia y la confrontación de ideas han sido desplazados por predicadores que, bajo el manto de lo divino, ofrecen homilías en lugar de análisis. El discurso ha perdido su “filo” revolucionario para volverse una prédica de sumisión.
  • La liturgia partidaria: Los actos políticos se han transformado en ceremonias solemnes de oraciones y alabanzas. El partido ha dejado de ser un espacio de lucha para convertirse en un templo, y la política en una liturgia donde el fragor de la combatividad se apaga en la solemnidad de la plegaria.

El costo de la fe ciega

Este desplazamiento del liderazgo —de la estrategia al sermón— tiene consecuencias profundas. Cuando un partido sustituye la crítica interna por rituales, se convierte en un cascarón vacío. La militancia deja de ser un motor de cambio para transformarse en una feligresía obediente, incapaz de responder a las demandas reales del pueblo.

El verdadero peligro de esta claudicación simbólica es que neutraliza la capacidad de protesta y propuesta, convirtiendo la convicción política en una mera formalidad religiosa. Lo que en 1994 fue un gesto de prudencia se institucionalizó como hábito, y ese hábito terminó por desarmar la conciencia crítica, preparando el terreno para la desesperanza aprendida.


domingo, 5 de abril de 2026

Del fragor a la plegaria: ¿Cómo se desarma la mente de un militante? Entrega 1

Por Julio González / Un Viandante

Entre mis lecturas sobre cultura general en mis años mozos, encontré una frase que me persigue: “desarme psíquico”. Este concepto, magistralmente advertido por Pedro Andrés Pérez Cabral en su obra Comunidad mulata (El caso socio político de la República Dominicana), describe una estrategia silenciosa diseñada para transformar la militancia revolucionaria en una masa ritualizada.

Lo que en los años setenta y noventa se vivió como un debilitamiento progresivo de la conciencia crítica, hoy se reproduce con nuevas y sutiles formas en la política dominicana.

El abismo revelado: 1994

1994 no fue el inicio del desarme psíquico, sino su revelación más cruda. Lo que Comunidad Mulata había diagnosticado como pérdida de horizonte y erosión de la militancia revolucionaria se manifestó ese año como fractura institucional y electoral. El fragor de la contienda no inauguró la grieta: la amplificó. La conciencia colectiva ya había sido desarmada, y el escenario político solo puso en evidencia la magnitud del vacío.

Más que un “punto de quiebre”, 1994 debe leerse como abismo revelado: el espejo roto que reflejó la derrota interior de la militancia, la pedagogía de la desesperanza que se había instalado mucho antes. La crisis electoral fue apenas la superficie de un proceso más profundo, donde el desarme psíquico se convirtió en condición estructural de la vida política.

Este año, lejos de ser un episodio aislado, marca la intensificación de un desgaste que venía incubándose desde la década anterior. La militancia, privada de horizonte, se enfrentó a un escenario donde la lucha ya no era por la victoria, sino por sobrevivir en medio de la derrota interiorizada.

Así, 1994 se convierte en el símbolo del tránsito: del fragor de la contienda hacia la plegaria de la resignación. Y en ese tránsito, la serie encuentra su puente natural hacia la noción de Desesperanza aprendida, mostrando que la crisis no fue coyuntural, sino pedagógica, inscrita en la conciencia colectiva como lección amarga de derrota.

 

domingo, 29 de marzo de 2026

Introducción a la Serie Del fragor a la plegaria: crónica del desarme psíquico

Por Julio González / Un Viandante

Introducción

La historia política dominicana no solo se escribe en las urnas y en las calles, sino también en la conciencia de sus militantes. Esta serie, que presentaré en cuatro entregas, Del fragor a la plegaria: crónica del desarme psíquico, propone un recorrido por ese tránsito silencioso que transformó la combatividad revolucionaria en ritual religioso, y la crítica en resignación.

El concepto de “desarme psíquico”, advertido por Pedro Andrés Pérez Cabral en Comunidad Mulata, sirve como hilo conductor para entender cómo la militancia pasó de ser fuerza transformadora a convertirse en feligresía obediente. El año 1994, más que un punto de quiebre, fue el abismo revelado: el momento en que la fractura institucional expuso un vacío incubado en la conciencia colectiva.

Desde allí, la política dominicana entró en un ciclo de ritualización y claudicación simbólica, donde el sermón sustituyó a la estrategia y la plegaria reemplazó al fragor. El eco del viejo PRD resonó en el PRM como un ejército que marcha sin fuego, transmitiendo al pueblo la convicción de que nada puede cambiar.

El cierre de este recorrido se encuentra en la noción de desesperanza aprendida, definida por Martin Seligman: la convicción de que ningún esfuerzo altera el resultado. En la política dominicana, esta pedagogía de la derrota se instaló como hábito cultural, paralizando tanto a la militancia como a la ciudadanía.

Esta serie no busca solo narrar un proceso, sino invitar a reconocerlo y a recuperar las armas psíquicas de la crítica y la acción consciente. Porque si el fragor desembocó en plegaria y la derrota se transformó en condición, aún queda la posibilidad de despertar y devolverle al pueblo su voz crítica y transformadora.



 

domingo, 22 de marzo de 2026

Santo Domingo Norte: El Laboratorio del Voto Castigo


 Por Julio González / Un Viandante

Si los actos de Santiago representan la vitrina del PRM, Santo Domingo Norte representa su sala de máquinas. En este municipio, uno de los más determinantes del Gran Santo Domingo, no se gana con consignas de tarima, sino con operatividad real. Sin embargo, el diagnóstico técnico actual sugiere que el partido podría estar navegando bajo un sesgo de confirmación peligroso, donde la unidad cosmética oculta una preocupante degradación de la estructura electoral.

La Trampa de las "Métricas de Vanidad"

Como actor de primera línea en el territorio, se observa un fenómeno recurrente: la claque impulsa programas de carnetización y organización que generan lo que en estrategia llamamos vanity metrics (métricas de vanidad). Son números diseñados para que la alta dirigencia sienta que "el partido se mueve", pero que en el terreno carecen de calidad electoral.

Esta es la estrategia de la distracción en su forma más pura: mantener a la base ocupada en tareas estériles para que no cuestionen quién toma las decisiones reales. El riesgo es que, al llegar el día de las elecciones, esos números inflados no se traduzcan en votos, dejando al partido a merced de una oposición que conoce bien las debilidades del oficialismo.

El Cuadro Medio: Entre el "Peón" y la Desesperanza

SDN es un termómetro despiadado de lo que hemos llamado "desesperanza aprendida". Cuando el dirigente local siente que es tratado como un simple recurso logístico —un "ejército de peones"— y no como un actor político con pensamiento crítico, el resultado es la huelga de celo implícita.

El cuadro medio en SDN está agotado de escuchar hablar de "cambio" mientras observa cómo se cierran los ascensores sociales dentro del partido y se favorece a círculos cerrados por encima del rigor técnico. Esta desmotivación se traduce en una pérdida de la capacidad de movilización que ninguna valla publicitaria puede compensar.

Advertencia Final: El Factor Leonel Fernández

Con el doctor Leonel Fernández y la Fuerza del Pueblo acechando en los barrios populares, SDN no puede permitirse el lujo de la simulación. La oposición apuesta a que el "ejército de peones" del PRM, desilusionado por la falta de espacios y por un discurso de unidad que perciben como una barrera de entrada, se quede de brazos caídos el día "D".

Si la convención de este año no sirve para reconectar el sistema nervioso del partido con sus bases en SDN, el PRM corre el riesgo de descubrir, demasiado tarde, que la unidad era un espejismo y el voto castigo una realidad latente. En política, lo que no se mide con rigor técnico, se paga con la derrota.

 




domingo, 15 de marzo de 2026

La Atrofia de los Frentes de Masas y el Avance de la Oposición

 

Por Julio González / Un Viandante

En la celebración de los 11 años del PRM en Santiago, el discurso oficial resaltó la fortaleza de una estructura que se percibe como invencible rumbo al 2028. Sin embargo, detrás de la mística de los actos multitudinarios, existe un síntoma silencioso pero peligroso: la parálisis de los frentes de masas. Estos órganos, que deberían ser los sensores del partido en la sociedad civil, parecen haber mutado de estructuras de combate a simples células estáticas de gestión de nómina.

De la Militancia Orgánica a la Simulación Administrativa

Históricamente, los frentes de masas (maestros, abogados, agropecuarios, sector salud, etc.) han sido el puente entre el partido y los gremios. No obstante, el diagnóstico técnico actual revela una "desconexión nerviosa". En lugar de influir en la opinión pública o captar nuevas voluntades, muchos de estos frentes se han convertido en "centros sociales" donde la actividad política ha sido sustituida por la burocracia.

Esta situación responde a una técnica de control identificada por Chomsky: la estrategia de la distracción. Al mantener a los dirigentes sectoriales ocupados en tareas administrativas o métricas de vanidad (vanity metrics), se anula su capacidad de debate intelectual y su rol como actores políticos reales.

El "Lloro" como Válvula de Escape

Un fenómeno curioso que ocurre en las reuniones de estos organismos es la transformación de los espacios de trabajo en "muros de las lamentaciones". La cúpula permite el "pataleo" o la queja constante porque funciona como una catarsis controlada. El dirigente se desahoga por la falta de recursos o espacios, pero sale de la reunión con la presión interna reducida, manteniendo una "unidad" por puro agotamiento emocional en lugar de por convicción estratégica.

La Oposición y el Vacío de Poder Sectorial

Mientras el PRM gestiona el silencio de sus cuadros, la oposición —liderada por un estratega de largo aliento como el Dr. Leonel Fernández y la Fuerza del Pueblo— apuesta a llenar esos vacíos en los gremios y comunidades. La Fuerza del Pueblo entiende que la política se gana en el territorio y en la representación de las causas sociales.

Si los frentes de masas del PRM no recuperan su fuego y su operatividad política, el partido llegará al proceso electoral con un cuerpo robusto en apariencia, pero con un sistema nervioso atrofiado. La advertencia es clara: un ejército de cuadros que solo simula trabajar no tendrá la capacidad de respuesta necesaria cuando la competencia externa arrecie en los barrios y sectores profesionales.


domingo, 8 de marzo de 2026

Convención 2026: ¿Renovación o Blindaje de la "Claque"?

 


Por Julio González / Un Viandante

El anuncio oficial de que el Partido Revolucionario Moderno (PRM) renovará su dirección a todos los niveles en el año 2026 ha sido presentado como la máxima prueba de su compromiso con la alternabilidad y la democracia interna. Sin embargo, en la práctica política, este tipo de procesos pueden convertirse en una encrucijada peligrosa: ser el motor de una auténtica revitalización o funcionar como un sofisticado mecanismo de blindaje para el statu quo.

La Unidad como Barrera de Entrada

Como hemos analizado previamente, tras años en el poder administrativo y partidario, existe una tendencia natural hacia la formación de una "claque" o círculo cerrado que busca perpetuarse. En este escenario, el llamado a la "unidad" que escuchamos en Santiago podría transformarse en una barrera de entrada durante la convención.

Si el proceso se inclina hacia los "consensos dirigidos" bajo el pretexto de evitar la división, se corre el riesgo de anular la meritocracia local. Para un cuadro técnico o un dirigente medio, la unidad no debe ser un eufemismo para el inmovilismo, sino un espacio donde el trabajo territorial sea validado y no sustituido por líneas verticales impuestas desde arriba.

El Peligro de la Desesperanza en los Cuadros Medios

El mayor activo del PRM no son sus siglas, sino su estructura operativa. No obstante, si la convención de 2026 no permite un ascenso real de los liderazgos que han sostenido el partido en los momentos críticos, se profundizará el fenómeno de la "desesperanza aprendida".

Este estado psicológico ocurre cuando el dirigente siente que, sin importar su rigor técnico o capacidad de movilización, los resultados dependen de factores ajenos a su control. Un ejército de "peones" desmotivados, que perciben la convención como un simulacro para validar a los mismos nombres, es un ejército que difícilmente tendrá el entusiasmo para enfrentar los desafíos electorales que vendrán.

Advertencia Estratégica ante la Oposición

La Fuerza del Pueblo y Leonel Fernández apuestan precisamente a capitalizar este tipo de fisuras internas. Mientras el PRM pregona ser el "único garante de la alternabilidad", la oposición observa de cerca si esa renovación será cosmética o real. Una convención que deje fuera a los sectores dinámicos y técnicos por privilegiar la lealtad ciega a la cúpula, le entregaría a la oposición una narrativa poderosa: la de un partido que se ha vuelto excluyente y desconectado de su propia base social.

La convención de 2026 debe ser más que un evento logístico; debe ser el remedio contra la "desconexión nerviosa" que hoy afecta a muchos organismos del partido. De lo contrario, la tan mentada unidad será solo el nombre que se le ponga al silencio de quienes ya no esperan nada.





📑Serie Síndromes del Poder: Procusto en la política interna, la falsa unidad y el desencanto perremeísta

  Por Julio González / Un Viandante “El síndrome de Procusto está haciendo olas en los litorales municipales y zonales perremeístas”. La ...