En la
República Dominicana circulan más de 3.5 millones de motocicletas, lo
que equivale al 57% del parque vehicular nacional. Este dato no es solo
una cifra: es el reflejo de cómo se mueve el país, de cómo la movilidad popular
se ha convertido en un fenómeno territorial y social que atraviesa cada esquina
de nuestras ciudades y comunidades. El motorista es hoy el protagonista de la
movilidad nacional, pero también el símbolo de un tránsito marcado por la
imprudencia, la audacia y, sobre todo, el temor.
Una masa
electoral cosificada
Durante los
últimos 25 años de vida republicana, los gobiernos han visto en los
motoristas una masa votante de enorme peso. Sin embargo, en vez de
integrarlos como ciudadanos plenos, los han tratado como clientela electoral,
como cifras que se contabilizan en campañas, pero no como actores de derechos y
deberes. El temor de los gobiernos frente a esta fuerza social ha generado
políticas ambiguas: tolerancia a la informalidad, gestos populistas y ausencia
de soluciones estructurales.
La
“importancia” presidencial
El
presidente Luis Abinader ha organizado en varios años consecutivas cenas
navideñas con representantes del sector motorista. Estos actos, amplificados
por los medios oficiales, buscan transmitir la idea de que los motoristas son
un grupo “importante” para la nación. Sin embargo, esta importancia es más mediática
que estructural: se les reconoce en la foto y en el discurso, pero no en la
política pública que garantice seguridad, formalización y dignidad.
Estadísticas
que hablan de muerte
Los
operativos navideños del COE confirman la vulnerabilidad del motorista:
en el operativo 2025-2026, el 74.3% de los accidentes de tránsito
involucraron motocicletas y más del 65% de las muertes fueron
motoristas. Año tras año, las cifras repiten el mismo patrón: imprudencia,
alcohol, exceso de velocidad y falta de casco. El motorista aparece en cada
operativo como protagonista del accidente, como cifra de muerte y como símbolo
del temor ciudadano.
El caso de
los cascos certificados
Mientras en
países como El Salvador la ciudadanía asume la compra de cascos
certificados tras la orden de la autoridad de tránsito, en la República
Dominicana el INTRANT dispuso lo mismo y otorgó un plazo de seis meses.
La primera reacción de representantes del sector motorista fue solicitar al
gobierno una donación de 100,000 cascos certificados. En vez de asumir
responsabilidad, se refuerza la cultura de dependencia: exigir al Estado lo que
debería ser un deber ciudadano. Y el gobierno, temeroso de su fuerza electoral,
probablemente cederá.
Reflexión
final
El
motorista es ciudadano y territorio al mismo tiempo: cuerpo expuesto, voz que
reclama, miedo que avisa. Pero mientras se le cosifique como masa electoral, se
le reconozca solo en la foto presidencial y se le mantenga en la dependencia,
seguirá siendo protagonista de imprudencia y temor.
La
República Dominicana necesita pasar del miedo a la integración, de la cosificación
a la dignidad. El casco certificado no debe ser una dádiva, sino un símbolo
de responsabilidad. La movilidad no debe ser un caos, sino un derecho ordenado.
Y el motorista no debe ser visto como amenaza, sino como ciudadano pleno, parte
de un proyecto nacional que dignifique la vida en nuestras calles.
✨ Cierre Editorial
"El
motorista es un ciudadano que merece seguridad, respeto y dignidad. Pero esa
dignidad no es solo un derecho: también es un deber. Porque esos infiernos de
dos ruedas, en la experiencia cotidiana, muchas veces no respetan nada ni a
nadie. La República Dominicana necesita que el motorista deje de ser masa
electoral cosificada y se convierta en ciudadano pleno, capaz de recibir
respeto y de darlo. Solo así podremos transformar el miedo en convivencia, y la
imprudencia en movilidad digna".

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