domingo, 11 de enero de 2026

🛵 Motoristas: entre la imprudencia, el temor y la dignidad ciudadana


Por Julio González / Un Viandante

En la República Dominicana circulan más de 3.5 millones de motocicletas, lo que equivale al 57% del parque vehicular nacional. Este dato no es solo una cifra: es el reflejo de cómo se mueve el país, de cómo la movilidad popular se ha convertido en un fenómeno territorial y social que atraviesa cada esquina de nuestras ciudades y comunidades. El motorista es hoy el protagonista de la movilidad nacional, pero también el símbolo de un tránsito marcado por la imprudencia, la audacia y, sobre todo, el temor.

Una masa electoral cosificada

Durante los últimos 25 años de vida republicana, los gobiernos han visto en los motoristas una masa votante de enorme peso. Sin embargo, en vez de integrarlos como ciudadanos plenos, los han tratado como clientela electoral, como cifras que se contabilizan en campañas, pero no como actores de derechos y deberes. El temor de los gobiernos frente a esta fuerza social ha generado políticas ambiguas: tolerancia a la informalidad, gestos populistas y ausencia de soluciones estructurales.

La “importancia” presidencial

El presidente Luis Abinader ha organizado en varios años consecutivas cenas navideñas con representantes del sector motorista. Estos actos, amplificados por los medios oficiales, buscan transmitir la idea de que los motoristas son un grupo “importante” para la nación. Sin embargo, esta importancia es más mediática que estructural: se les reconoce en la foto y en el discurso, pero no en la política pública que garantice seguridad, formalización y dignidad.

Estadísticas que hablan de muerte

Los operativos navideños del COE confirman la vulnerabilidad del motorista: en el operativo 2025-2026, el 74.3% de los accidentes de tránsito involucraron motocicletas y más del 65% de las muertes fueron motoristas. Año tras año, las cifras repiten el mismo patrón: imprudencia, alcohol, exceso de velocidad y falta de casco. El motorista aparece en cada operativo como protagonista del accidente, como cifra de muerte y como símbolo del temor ciudadano.

El caso de los cascos certificados

Mientras en países como El Salvador la ciudadanía asume la compra de cascos certificados tras la orden de la autoridad de tránsito, en la República Dominicana el INTRANT dispuso lo mismo y otorgó un plazo de seis meses. La primera reacción de representantes del sector motorista fue solicitar al gobierno una donación de 100,000 cascos certificados. En vez de asumir responsabilidad, se refuerza la cultura de dependencia: exigir al Estado lo que debería ser un deber ciudadano. Y el gobierno, temeroso de su fuerza electoral, probablemente cederá.

Reflexión final

El motorista es ciudadano y territorio al mismo tiempo: cuerpo expuesto, voz que reclama, miedo que avisa. Pero mientras se le cosifique como masa electoral, se le reconozca solo en la foto presidencial y se le mantenga en la dependencia, seguirá siendo protagonista de imprudencia y temor.

La República Dominicana necesita pasar del miedo a la integración, de la cosificación a la dignidad. El casco certificado no debe ser una dádiva, sino un símbolo de responsabilidad. La movilidad no debe ser un caos, sino un derecho ordenado. Y el motorista no debe ser visto como amenaza, sino como ciudadano pleno, parte de un proyecto nacional que dignifique la vida en nuestras calles.

Cierre Editorial

"El motorista es un ciudadano que merece seguridad, respeto y dignidad. Pero esa dignidad no es solo un derecho: también es un deber. Porque esos infiernos de dos ruedas, en la experiencia cotidiana, muchas veces no respetan nada ni a nadie. La República Dominicana necesita que el motorista deje de ser masa electoral cosificada y se convierta en ciudadano pleno, capaz de recibir respeto y de darlo. Solo así podremos transformar el miedo en convivencia, y la imprudencia en movilidad digna".

 

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