domingo, 3 de mayo de 2026

Serie Del fragor a la plegaria: crónica del desarme psíquico: Epílogo

 



 

Por Julio González / Un Viandante

El recorrido que inicia en el fragor y culmina en la plegaria encuentra en 1994 su abismo revelado: el momento en que la fractura institucional expuso un vacío que ya se incubaba en la conciencia colectiva. Desde allí, la militancia desarmada en lo psíquico transitó hacia la resignación, interiorizando la derrota como destino. Lo que Martin Seligman definió como desesperanza aprendida —la convicción de que ningún esfuerzo altera el resultado— se convirtió en pedagogía política, instalándose como hábito cultural en la vida dominicana.

Así, la serie se cierra mostrando que el fragor no desemboca en victoria, sino en plegaria; y que la derrota, más que coyuntura, se transforma en condición. El eco ciudadano, antes vibrante, corre el riesgo de convertirse en silencio. Y en ese silencio, la desesperanza aprendida se instala como un hábito invisible, más corrosivo que el ruido mismo.

La historia que hemos recorrido no es solo memoria política: es también espejo de nuestra conciencia ciudadana. El desarme psíquico y la desesperanza aprendida no son conceptos abstractos, sino realidades que aún marcan la vida pública dominicana.

Pero reconocerlo es ya un acto de resistencia. Nombrar la claudicación es el primer paso para desmontarla. La crítica, la voz y la acción consciente siguen siendo nuestras armas más legítimas.

Este epílogo no pretende clausurar la reflexión, sino abrirla: que cada lector se pregunte dónde está su fragor, dónde se apagó su voz, y cómo puede recuperarla. Porque si la política se ha convertido en plegaria, aún queda la posibilidad de devolverle al pueblo su canto crítico, su fuego transformador.

La pregunta queda abierta, como herida y como desafío: ¿seremos capaces de romper el ciclo de la desesperanza aprendida, o seguiremos aceptando que el silencio sea la única respuesta al fragor que alguna vez nos convocó?

La serie se cierra aquí, pero la tarea continúa en cada ciudadano que decida no resignarse.


 


 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

📑Serie Síndromes del Poder: Procusto en la política interna, la falsa unidad y el desencanto perremeísta

  Por Julio González / Un Viandante “El síndrome de Procusto está haciendo olas en los litorales municipales y zonales perremeístas”. La ...