Por Julio González / Un Viandante
El “desarme psíquico” no es un episodio
estático de nuestra historia; es una práctica viva que se hereda y se
reproduce. Hoy, el Partido Revolucionario Moderno (PRM), como heredero directo
de la tradición del viejo PRD, manifiesta los mismos síntomas de esta
claudicación interna.
Lo que en el pasado fue dogma y represión, en
la actualidad se ha disfrazado de modernización y disciplina burocrática. Sin
embargo, bajo esa superficie de eficiencia administrativa, subyace la misma
militancia desarmada, incapaz de confrontar o cuestionar el rumbo de su
organización.
Un ejército
sin voz
La herencia del PRD resuena en el PRM como un
eco debilitador:
- La consigna como plegaria: El
fragor de la lucha política ha sido sustituido por un murmullo
administrativo y ritual.
- Desplazamiento del dirigente: Los
cuadros políticos con visión estratégica siguen siendo desplazados por la
figura del “predicador”, manteniendo el liderazgo en el ámbito del sermón
y no de la transformación real.
- La marcha silenciosa: El
resultado es un ejército partidario que sigue marchando por inercia, pero
que ha perdido el “fuego” y la voz crítica que alguna vez le dio
legitimidad ante el pueblo.
El impacto
en la ciudadanía
Este fenómeno no solo afecta las estructuras
internas, sino que tiene un impacto devastador en la sociedad:
- Pérdida de legitimidad: Un
partido que entrega sus armas mentales y críticas se convierte en un
cascarón ritual, incapaz de responder con firmeza a las demandas
ciudadanas.
- Erosión de la confianza: La
ciudadanía percibe que los espacios que antes eran de propuesta y lucha se
han transformado en templos de obediencia, lo que genera una profunda
desorientación en quienes aún creen en el poder transformador de la
política.
El eco del viejo PRD en el PRM demuestra que,
sin un ejercicio de rescate de la dignidad crítica, la política corre el riesgo
de convertirse en un simple ejercicio de gestión vacía, lejos de las
aspiraciones del pueblo dominicano. Y es precisamente aquí donde el tránsito
hacia la desesperanza aprendida se hace inevitable: cuando la
militancia, desarmada en lo psíquico, transmite al pueblo la convicción de que
nada puede cambiar.


Este artículo me trae a la memoria un cuento del maestro Juan Bosch.
ResponderBorrarTodo se ha alquilado.
Se cuelga el sombrero y las capas a las entradas de los partidos.
Brillante descripción
ResponderBorrarOjalá dentro del partido muchos puedan leer este artículo y analizarlo...
ResponderBorrarEXCELENTE MUY BUENA COLEGA JULIO CESAR GONZALEZ
ResponderBorrarSin desperdicios y ojalá no sea tarde para recapacitar lo que estamos viendo es autodestrucción avanzada.
ResponderBorrarMás claro no lo puede explicar nadie, y exactamente lo que está en este municipio, dónde por interés grupales, se insiste en tener un padrote que ya no engendra, y dónde la opinión y el reclamo responsable se etiqueta de deslealtad, a los que no nos son leales.
ResponderBorrarBrillante
ResponderBorrarExcelente siempre me nutro en cada palabra de esta página Dios le bendiga.
ResponderBorrarMuy bueno hermano
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