domingo, 12 de abril de 2026

Del fragor a la plegaria: Entre homilías y rituales: El asalto de los "pseudos líderes" religiosos Entrega 2

 

Por Julio González / Un Viandante

En la entrega anterior, vimos cómo el “desarme psíquico” —esa renuncia a la conciencia crítica— no nació en 1994, sino que allí se reveló con crudeza. Lo que comenzó como un gesto de prudencia para evitar la violencia, terminó abriendo la puerta a un fenómeno aún más corrosivo: la ritualización de la política.

Los símbolos de la claudicación

El desarme no es solo una idea abstracta; se manifiesta en símbolos concretos que han moldeado la cultura partidaria actual:

  • La plegaria ritual: Lo que en su origen fue un bálsamo, pronto se transformó en rutina obligatoria. Hoy, cada reunión o acto político inicia con una invocación que, lejos de fortalecer, funciona como un sello de resignación. La militancia ha dejado de ser una voz crítica para convertirse en un coro obediente.
  • El sermón político: Los dirigentes formados en la estrategia y la confrontación de ideas han sido desplazados por predicadores que, bajo el manto de lo divino, ofrecen homilías en lugar de análisis. El discurso ha perdido su “filo” revolucionario para volverse una prédica de sumisión.
  • La liturgia partidaria: Los actos políticos se han transformado en ceremonias solemnes de oraciones y alabanzas. El partido ha dejado de ser un espacio de lucha para convertirse en un templo, y la política en una liturgia donde el fragor de la combatividad se apaga en la solemnidad de la plegaria.

El costo de la fe ciega

Este desplazamiento del liderazgo —de la estrategia al sermón— tiene consecuencias profundas. Cuando un partido sustituye la crítica interna por rituales, se convierte en un cascarón vacío. La militancia deja de ser un motor de cambio para transformarse en una feligresía obediente, incapaz de responder a las demandas reales del pueblo.

El verdadero peligro de esta claudicación simbólica es que neutraliza la capacidad de protesta y propuesta, convirtiendo la convicción política en una mera formalidad religiosa. Lo que en 1994 fue un gesto de prudencia se institucionalizó como hábito, y ese hábito terminó por desarmar la conciencia crítica, preparando el terreno para la desesperanza aprendida.


3 comentarios:

  1. Hno Julio si protesta eres un problema

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  2. Buenos días, compadre tiene razón, pero le faltó agregar que los dirigentes que dependen de la jerarquía de poder , se hacen dependiente de ellos, convierten las cosas malas en buenas y viven un sueño ficticio que no ven nada, todo está bien.

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  3. Gracias por compartir.
    Tu artículo tiene masas y mucha madera.
    Debe también continuar publicando en las demás redes.

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