Por Julio González
Un Viandante
La institucionalidad no se mide por la cantidad de leyes escritas, sino por su capacidad de encarnarse en el territorio. En muchos barrios urbanos, la ausencia del Estado no es una metáfora: es una realidad que se expresa en calles sin regulación, servicios inalcanzables y economías que funcionan sin interlocutores públicos. Donde la formalidad no llega, se improvisa; y donde se improvisa, nacen redes con inteligencia ciudadana, pero también con altos niveles de vulnerabilidad.
Testimonio 1 — Freddy, motorista en Los Alcarrizos:
“Aquí hay más de quinientos motoristas trabajando todos los días. No tenemos parada oficial, no hay licencia para esto, ni nadie que nos diga cómo hacer las cosas. Todo lo resolvemos entre nosotros: si hay un problema, lo discutimos en la esquina. Al ayuntamiento sólo lo vemos cuando vienen a recoger basura...si vienen”.
Testimonio 2 — Marisela, madre de tres en Santo Domingo Este:
“Cuando mi niño se enfermó de noche, el motoconcho de la esquina fue quien me llevó rápido al hospital. No hay ambulancias cerca, no hay centro de salud bien equipado. Los motoristas son los que están siempre”.
Testimonio 3 — Junta de vecinos en San Pedro de Macorís:
“Solicitamos desde hace dos años una oficina de atención comunitaria del ayuntamiento. Nunca la instalaron. Los motoconchistas aquí ayudan hasta en emergencias, pero no tienen ningún respaldo ni orientación. Ni tránsito, ni policía, ni salud...el Estado aquí es un rumor”.
Otros ejemplos adicionales:
En barrios de Santiago, como Cienfuegos, los trabajadores del delivery operan sin ruta definida, sin señalización adecuada y sin acceso a protección legal. Cuando ocurren accidentes, el proceso legal suele ser lento o inexistente, por falta de registros y respaldo institucional.
En zonas de San Francisco de Macorís, los motoristas han formado cooperativas informales para ofrecer transporte escolar, ante la falta de rutas públicas. Sin embargo, no reciben apoyo técnico ni fiscal, y muchas veces deben operar con vehículos deteriorados por falta de crédito.
En La Romana, varias asociaciones de motoconchistas han intentado registrarse formalmente ante el ayuntamiento, pero no existe un protocolo claro ni una unidad dedicada a este tipo de trámites. La informalidad persiste por omisión institucional, no por falta de interés ciudadano.
La reconstrucción de la presencia institucional no comienza en el despacho ni en el boletín oficial. Comienza en la esquina, en la parada, en el diálogo con quienes hacen ciudad cada día. Formalizar sin estar presente es como planificar sin escuchar. El Estado debe volver al territorio no sólo para regular, sino para acompañar, apoyar y aprender.

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