martes, 1 de julio de 2025

 ¿Descongestionar la 27? Empieza por mirar al Estado

Por Julio González

Un viandante 

Cada mañana, miles de dominicanos quedan atrapados en una embotellada realidad. La Avenida 27 de Febrero —arteria vital del Distrito Nacional— no solo recibe el torrente habitual de vehículos particulares, motores y transporte público. También carga con algo menos visible pero igual de denso: el peso institucional del propio Estado.

A lo largo de tan solo 12 kilómetros, desde el Puente Juan Bosch hasta la Plaza de la Bandera, se concentran 24 instituciones del gobierno central. Entre ellas, cuatro ministerios. Esa acumulación obliga a un flujo diario de funcionarios, empleados administrativos, visitantes, suplidores y ciudadanos que requieren servicios públicos, todo en una vía que, según estimaciones del Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC), ya soporta más de 800 mil unidades desplazándose a diario por las principales intersecciones de la ciudad.

No es casual que, en 2009, la 27 de Febrero fuera integrada al Corredor Duarte, una estrategia que buscaba precisamente gestionar su carga vehicular creciente. Sin embargo, 15 años después, la pregunta sigue vigente: ¿cómo se puede hablar de movilidad sin hablar del rol del propio Estado en la congestión?

Hace apenas unos días, el Gobierno presentó la nueva Estrategia Integral de Gestión del Tránsito para el Gran Santo Domingo. Aplaudo la iniciativa: más de 120 intersecciones evaluadas, red semafórica inteligente, regulación de estacionamientos y un régimen actualizado de consecuencias. Incluso se prevé una colaboración con el Departamento de Transporte de Nueva York.

Pero hay algo que me inquieta. Entre todos esos ejes técnicos, ¿se ha considerado la concentración de servicios públicos en zonas urbanas saturadas? ¿Existe algún plan para descentralizar instituciones gubernamentales, aligerando el tránsito no solo con semáforos, sino con decisiones de planificación territorial?

No soy urbanista ni planificador. Soy un ciudadano con ojos y paciencia limitada. Pero viendo el panorama actual, no suena descabellado pensar en una Ciudad Gubernamental: un campus administrativo moderno y funcional fuera del casco urbano, construido en terrenos estatales disponibles —que los hay— con accesos multimodales y servicios interconectados.

La capital no tiene por qué albergarlo todo. Desconcentrar no es debilitar al Estado: es hacerlo más eficiente y humano.

No escribo esto para que me den la razón. Lo escribo porque creo que podemos pensar juntos en una ciudad más habitable. Que el rediseño del tránsito comience por casa —literalmente— y que el Estado no solo regule el tráfico, sino que también se regule a sí mismo como actor urbano.

Porque en Santo Domingo, a veces el semáforo no es lo que más congestiona: es la estructura misma de nuestro gobierno.

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