Por Julio González / Un Viandante
“El síndrome de Procusto está haciendo olas en
los litorales municipales y zonales perremeístas”.
La frase no es exagerada: describe con precisión el desencanto que recorre la
dirección media del partido, esa franja vital que conecta la estructura con la
ciudadanía.
La unidad
como conjuro y mutilación
La llamada a la unidad se repite como un
conjuro, pero en realidad es la tijera que recorta diferencias para que todos
quepan en la cama estrecha del poder. Se invoca la unidad como si fuera un
matrimonio bendito, cuando en verdad es una relación maldita: se tolera la
fractura, se oculta la tensión, y se exhibe un abrazo forzado para conservar la
casa común del gobierno.
En este escenario, la convención interna corre
el riesgo de convertirse en la cama de Procusto: un espacio donde se mutila la
creatividad de la dirección media y se estira artificialmente a quienes encajan
en el molde oficial. La diversidad se convierte en amenaza, y la obediencia en
virtud.
El
desencanto de la dirección media
La dirección media, que debería ser motor de
innovación y puente con la ciudadanía, se siente reducida a piezas
intercambiables. Su desencanto no proviene de falta de compromiso, sino de la
imposición de un molde que niega la pluralidad de voces. El resultado es un
partido que aparenta cohesión, pero que en realidad acumula tensiones
soterradas.
La
convención presidencial: el espejo mayor
Más adelante, cuando llegue la convención para
elegir al candidato presidencial, la metáfora se amplifica. El partido tendrá
que decidir si rompe la cama de Procusto y abre espacio a la diversidad, o si
reafirma la homogeneidad y el control, sacrificando la esperanza de una
verdadera transformación.
La
verdadera unidad
La verdadera unidad no nace de la mutilación
ni del molde impuesto. Surge del despertar ciudadano que abraza la diversidad,
reconoce la pluralidad y convierte las olas en corriente viva. Solo así la
unidad deja de ser un conjuro vacío y se convierte en fuerza creadora.
Conclusión
El desafío del PRM no es solo elegir nuevas
autoridades o un candidato presidencial. Es atreverse a destruir la cama de
Procusto, liberar a su dirección media de la mutilación simbólica y permitir
que la pluralidad se convierta en motor de legitimidad. Sin ese gesto, la
unidad seguirá siendo un abrazo forzado; con él, podrá transformarse en
corriente viva que renueve la política desde sus raíces.

Completamente de acuerdo con UD colega,las esferas del poder se han olvidado de empoderar al sector medio partidario en las acciones sociales del Estado,hoy nadie los conoces ,nadie te ve en las calles ni siquiera dirigiendo una brigada del ayuntamiento y quienes los hacen ,nadie en los barrios los conoces,porque no pidan las las calles de los sectores.,no dude UD que la atención que reflejan las encuestas seamos nosotros mismos que nos atenemos a no opinar
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