Por Julio González / Un Viandante
El reciente y masivo acto en Santiago, donde
el Partido Revolucionario Moderno (PRM) celebró sus 11 años de fundación, dejó
un mensaje unívoco: unidad total rumbo al 2028. Sin embargo, para
quienes operan en la "sala de máquinas" del partido, este despliegue
de entusiasmo colectivo invita a una lectura más gélida y estratégica. ¿Estamos
ante una genuina cohesión de propósitos o ante una sofisticada estrategia de
la distracción diseñada para silenciar las grietas internas?
La Unidad como Herramienta de Control
En política, cuando un partido en el poder
machaca constantemente el concepto de "unidad", no suele ser un
llamado sentimental, sino una herramienta de comunicación estratégica. Bajo el
lente de las técnicas de control social de Noam Chomsky, este énfasis busca
desviar la atención de los temas espinosos —como las pugnas por candidaturas o
las críticas a la gestión de los frentes de masas— hacia un ideal abstracto y
positivo.
Si toda la narrativa se centra en "la familia perremeísta", se anula la capacidad crítica del militante, quien corre el riesgo de ser etiquetado como "mal compañero" o "divisionista" si osa señalar las fallas operativas en sus territorios.
El Riesgo de la "Desconexión Nerviosa"
Mientras la cúpula celebra en Santiago
proyectándose como el "único partido garante de la alternabilidad",
en municipios complejos como Santo Domingo Norte la realidad es
distinta. Aquí, el discurso de unidad puede actuar como un sedante que
busca gestionar la frustración de los cuadros medios.
- Se utiliza el miedo a la fragmentación ("si no nos unimos,
vuelve el pasado") para que la base acepte decisiones verticales sin
cuestionar.
- Esta técnica de "diferimentación" (acto de proclamar unidad mientras se la posterga, fragmenta o diluye en la práctica) pide sacrificar
aspiraciones legítimas hoy con la promesa de una recompensa futura que
nunca termina de llegar.
La Amenaza en el Horizonte
Esta "unidad cosmética" es
especialmente peligrosa ante una oposición que se reagrupa. El fortalecimiento
de la Fuerza del Pueblo, con la figura de Leonel Fernández, no se
combate con consignas, sino con estructuras vivas. Un ejército de dirigentes
sumidos en la "desesperanza aprendida" —que sienten que su
esfuerzo técnico no cuenta frente al "dedismo" de la claque—
difícilmente tendrá el fuego necesario para defender la gestión en las calles
cuando llegue el momento de la verdad.
La unidad real no nace de un mantra repetido en una tarima; nace del respeto a la meritocracia y de la conexión real con la base que, más allá de la foto de WhatsApp, espera ser escuchada antes de que el silencio se convierta en voto castigo.


Excelente análisis, y ojalá llegue a las instancias pertinentes.....
ResponderBorrarExcelente reflexión
BorrarEl populismo es propio del Nazismo , ese es discurso del presidente a diferencia de qué aquí la Base y una gran parte de la dirigente no solamente medio están disgustado. Hay que trabajar la Unidad y poner el Gobierno en las manos dé su creadores, ( sus Militancia)
ResponderBorrarMuy buen análisis Felicidades amigo
ResponderBorrarDice varias verdades que los famosos líderes no le gusta escuchar
Gracias por esclarecer puntos de vista!
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