🛵 De la periferia al centro:
los motoristas como columna invisible de la ciudad
Por
Julio González
Un Viandante
En gran parte del país, la
movilidad no se organiza desde los planos, sino desde la calle. Miles de
motoconchistas y repartidores sostienen día tras día una red espontánea de
transporte y abastecimiento que conecta comunidades, comercios, instituciones y
hogares. Aunque operan en la informalidad, su función social es indiscutible:
son el pulso del territorio, los brazos visibles de una economía que el Estado
aún no ha sabido leer.
El motoconcho y el delivery
no surgieron por moda ni por innovación tecnológica: son respuestas concretas
al abandono estatal, a las brechas del transporte formal, y al deseo legítimo
de trabajar. Allí donde no llega el metro ni la OMSA, llega un motorista. No
con uniformes ni códigos QR, sino con conocimiento territorial, eficiencia
práctica y vocación de servicio.
Este universo motorizado
—improvisado pero constante— ha sido por años objeto de estigmas y omisiones.
No aparece en los mapas oficiales ni en los presupuestos públicos. Sin embargo,
es precisamente desde esta red espontánea que puede nacer una nueva visión de
ciudad: una que formalice sin excluir, que regule sin sofocar, que dignifique
sin borrar.
La formalización del sector
no es sólo una medida de orden vial: es una inversión estratégica en cohesión
social, generación de ingresos y reconstrucción del tejido urbano. Algunas
claves:
- Tributación
adaptada: mecanismos simples y proporcionales, que
permitan al Estado recaudar sin afectar la subsistencia.
- Afiliación a
seguridad social: acceso voluntario,
con incentivos y protección ante accidentes o vejez.
- Rutas y espacios
públicos dedicados: zonas de espera,
puntos de carga, carriles preferentes en sectores de alta demanda.
- Acceso a crédito y
digitalización: bancarización
progresiva, uso de aplicaciones locales, y fortalecimiento cooperativo.
La clave está en construir
una formalización con rostro municipal. Que los ayuntamientos sean
protagonistas, junto con asociaciones de motoconchistas, juntas de vecinos y
plataformas de reparto. Que haya licencias accesibles, oficinas locales de
atención, y mesas consultivas permanentes. Que los motoristas de Villa Mella, Sabana
Perdida o cualquier lugar del país no sean sólo regulados, sino reconocidos
como actores urbanos legítimos.
Modelos como el MEI en Brasil, el mototaxismo organizado en Colombia, o
los avances recientes en seguridad
social para repartidores en México, muestran que es posible formalizar
sin excluir. Que el informal no es “ilegal”, sino “no atendido”. Que el Estado
puede encontrar en estos trabajadores aliados para construir ciudad, territorio
y ciudadanía.
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Saludos maestro, cuando existe voluntad casi todo es posible. Es tan solo que sea un interés del estado y la solución de integración socioeconómico del sector Motoconcho seran visibles
ResponderBorrarEl estado planificando y organizando tanto a los motoristas y regularizando puede encontrar no solamente una fuente de ingresos sino también devolver confianza y seguridad a la ciudadanía.
ResponderBorrarEllos hacen aportes con su desempeño sin embargo hay que construir un proyecto de gerencia donde se haga revisión anualmente para las mejoras, así como construir un perfil de como deben manejarse.... Alfabetizarse, construir compromiso, así ganamos todos
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